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jueves, 9 de junio de 2011

Aprendiendo del asunto de los pepinos

Casi tarde para hablar de la crisis de los pepinos que casi pasó a ser crisis de la soja y ahora es alerta sanitaria o catástrofe de la unión europea. Eso le pasa por ser poco 2.0: no es colaborativa, sino individualista.

Pero a lo que voy que me disperso. Alemania acusó, juzgó y dictó sentencia. Y por ser Alemania lo que dijo fue sentencia divina. Un claro ejemplo del "factor impacto"o de lo que nos influye las creencias culturales y populares. Alemania es,en el imaginario colectivo, tan eficaz como seria. Nos gustará o no, nos parecerá simpática o un poco adusta pero su rigor es incuestionable Y en aras del rigor, la seriedad y la eficacia bien merece la pena sacrificar otros valores. A Alemania no le exigimos que se humanice, no le decimos que sea cercana. Nos cuesta insinuarle que no suele ser bueno mirar por encima del hombro porque eso del rigor, la seriedad, y los etc que se quieran, no son exclusiva de ella. Y que se puede hacer sin pedestales a los que subirse para parecer distantes e inaccesibles.

A la atención especializada y a la hospitalaria nadie les exige que se se adapten. Nadie, ni gestores ni ciudadanos, les pide que acometan la reforma que tienen pendiente. Todo se justifica con razonamientos similares a "los chicos son así y no hay quien pueda con ellos. Tengamos paciencia" Sólo algunos compañeros a nivel individual, trabajan sabiendo que es mejor mirar al frente que desde arriba.
Pero Alemania a veces se encuentra con que quien creía inferior no lo era tanto.

Y no me he liado, no.

domingo, 22 de noviembre de 2009

clopidogrel, omeprazol y credibilidad

A principios de Junio la AEMPS publicaba una nota sobre la posbilidad de que el omeprazol, y presumiblemente el resto de IBPs, interaccionaran con el clopidogrel disminuyendo la eficacia antiagregante de éste. Tres meses después The Lancet publicó un análisis de diferentes estudios poniendo en cuestión los hallazgos anteriores y no econtrando razones para evitar el tratamiento combinado con clopidogrel y omeprazol.
La semana pasada la FDA publicó una nota informativa volviendo a insistir en la disminución de la eficacia del efecto antiagregante del clopidogrel cuando se administra junto a omeprazol y aconsejando buscar alternativas a estos últimos en el caso de que fuera necesario algun tipo de protección gástrica.
Más allá de la polémica, de los estudios y de la conclusión final a la que se llegue quiero reflexionar sobre lo que polémicas como esta suponen "a pie de calle" ó en la consulta. A un paciente que tomaba clopidogrel y omeprazol hace 6 meses, se le suspende el omeprazol y se le pauta, por ejemplo, una ranitidina y se le argumenta que igual todo este tiempo que estaba tomandolo, el antiagregante no le estaba haciendo mucho efecto (o no todo el efecto deseado) es decir, que no estaba protegido frente a futuros eventos vasculares. Obviemos ciertos aspectos engorrosos como por ejemplo tener que realizar ajustes de tratamientos pautados por especialistas y argumentar por ello con vehemencia ante el paciente porqué su médico de familia osaba meterse donde nadie le había llamado.
Bien, en septiembre uno se encuentra con la posibiliad de que su paciente podría haber seguido tomando su omeprazol. ¿Se lo digo? No!! Mejor dejarlo como está!!! ¿Para qué le vas a liar más? Pero....¿tiene derecho a saber esto también ? Pero...¿estará bien gastroprotegido con la ranitidina?
Ahora parece que mejor no haber dicho nada porque al final......va a ser que sí, que interaccionan...
En fin, detrás de cada estudio clínico hay una decisión y detrás de cada decisión hay una credibilidad. Dicha credibilidad es muchas veces la herramienta más potente que tenemos para realizar nuestro trabajo. Los pacientes a los que atendemos siguen nuestras recomendaciones muchas veces porque confian en nosotros y no porque lo diga la AEMPS, The Lancet o la FDA. Sería deseable buscar un equilibrio que evite esta cierta catarata de datos y conclusiones contradictorias que tienen como uno de sus efectos colaterales la desorientación de los profesionales, cierta perdida de credibilidad por parte de los pacientes en cada recomendación, y una triste querencia al escepticismo ante cada nuevo estudio que se publica.