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domingo, 22 de noviembre de 2009

clopidogrel, omeprazol y credibilidad

A principios de Junio la AEMPS publicaba una nota sobre la posbilidad de que el omeprazol, y presumiblemente el resto de IBPs, interaccionaran con el clopidogrel disminuyendo la eficacia antiagregante de éste. Tres meses después The Lancet publicó un análisis de diferentes estudios poniendo en cuestión los hallazgos anteriores y no econtrando razones para evitar el tratamiento combinado con clopidogrel y omeprazol.
La semana pasada la FDA publicó una nota informativa volviendo a insistir en la disminución de la eficacia del efecto antiagregante del clopidogrel cuando se administra junto a omeprazol y aconsejando buscar alternativas a estos últimos en el caso de que fuera necesario algun tipo de protección gástrica.
Más allá de la polémica, de los estudios y de la conclusión final a la que se llegue quiero reflexionar sobre lo que polémicas como esta suponen "a pie de calle" ó en la consulta. A un paciente que tomaba clopidogrel y omeprazol hace 6 meses, se le suspende el omeprazol y se le pauta, por ejemplo, una ranitidina y se le argumenta que igual todo este tiempo que estaba tomandolo, el antiagregante no le estaba haciendo mucho efecto (o no todo el efecto deseado) es decir, que no estaba protegido frente a futuros eventos vasculares. Obviemos ciertos aspectos engorrosos como por ejemplo tener que realizar ajustes de tratamientos pautados por especialistas y argumentar por ello con vehemencia ante el paciente porqué su médico de familia osaba meterse donde nadie le había llamado.
Bien, en septiembre uno se encuentra con la posibiliad de que su paciente podría haber seguido tomando su omeprazol. ¿Se lo digo? No!! Mejor dejarlo como está!!! ¿Para qué le vas a liar más? Pero....¿tiene derecho a saber esto también ? Pero...¿estará bien gastroprotegido con la ranitidina?
Ahora parece que mejor no haber dicho nada porque al final......va a ser que sí, que interaccionan...
En fin, detrás de cada estudio clínico hay una decisión y detrás de cada decisión hay una credibilidad. Dicha credibilidad es muchas veces la herramienta más potente que tenemos para realizar nuestro trabajo. Los pacientes a los que atendemos siguen nuestras recomendaciones muchas veces porque confian en nosotros y no porque lo diga la AEMPS, The Lancet o la FDA. Sería deseable buscar un equilibrio que evite esta cierta catarata de datos y conclusiones contradictorias que tienen como uno de sus efectos colaterales la desorientación de los profesionales, cierta perdida de credibilidad por parte de los pacientes en cada recomendación, y una triste querencia al escepticismo ante cada nuevo estudio que se publica.